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jueves, 2 de octubre de 2014

Mediterráneo histórico con acento francés, una visita a Narbonne

Cruzando los Pirineos, sólo hace falta recorrer 100 kilómetros para encontrar Narbonne, una pequeña ciudad del sur de Francia, en la región de Languedoc-Rosellón, con mucho que ofrecer a viajeros con intereses culturales y gastronómicos. Ha sido ciudad de paso entre las penínsulas ibérica e itálica, unidas por la carretera romana Via Domitia, pero tiene atractivos suficientes como para pararse en ella y conocerla.

Con 52.000 habitantes, este enclave mediterráneo posee un patrimonio histórico destacable. Alberga una de las colecciones de frescos romanos más importantes fuera de Italia, que puede visitarse en el museo arqueológico, así como galerías subterráneas romanas –Horreum- conservadas por debajo de la ciudad actual y abiertas a la visita del público.


Place de l'hôtel de ville, centro de Narbonne/LISA DEBANDE
La catedral gótica de Saint Just et Saint Pasteur y el conjunto monumental arzobispal conforman el centro de Narbonne, ofreciendo al público un paseo por los patios interiores y calles antiguas, mezcla de distintas épocas y estilos.


Además de haber acumulado historia y acontecimientos desde hace 2.500 años, Narbonne ofrece a habitantes y turistas un presente soleado, bañado por las aguas del Mediterráneo y del canal de la Robine -considerado Patrimonio Mundial de la UNESCO- que cruza la ciudad.

Tras la visita casi obligada al centro y las ruinas romanas, merece la pena acercarse al Canal en el barrio de Bourg, a tan sólo unos minutos a pie. En él se encuentra el puente de los mercantes, una curiosa construcción que permite el paso de embarcaciones por el Canal de la Robine, pero no por encima del mismo, puesto que se construyeron viviendas. Diversos mercadillos de flores, objetos de todo tipo, libros y ropa se extienden a ambos lados del canal y, al otro lado, se encuentra Les Halles, un mercado tradicional cubierto, abierto todos los días del año por las mañanas. Sus puestos ofrecen productos frescos de la zona, como carnes, pescados, quesos o embutidos, y mesas donde sentarse a tomar un aperitivo y probar la gastronomía de la zona.

Canal de la Robine y conjunto arzobispal al fondo/HELENA PALOMO

Una vez descubierta la ciudad, y especialmente tras pasear por el mercado, un buen destino en el que reponer fuerzas es el restaurante Les Grands Buffets. Se puede llegar paseando desde el mercado o en apenas cinco minutos en autobús urbano. El restaurante ofrece un amplio buffet de calidad con una gran variedad de productos y platos tradicionales de la gastronomía francesa, desde quesos, foies, embutidos y mariscos fríos a carnes y pescados elaborados según las recetas clásicas de la zona. Todos los productos son de proximidad y las recetas se elaboran en el establecimiento de principio a fin, para garantizar su frescura y  su elaboración tradicional, así como para transportar a los clientes a una época anterior de refinamiento y buen hacer.

Como guinda, además de historia y gastronomía, Narbonne es también un lugar donde probar buenos vinos, como no podía ser de otra manera, siguiendo la tradición francesa. Narbonne cuenta con las denominaciones de origen DOP Côteaux du Languedoc La Clape y Quatourze, y DOP Corbières. Pueden degustarse en Les Grands Buffets, donde ofrecen setenta variedades diferentes, o realizando visitas a los viñedos, coordinadas desde la oficina de Turismo de Narbonne.

Oficina de Turismo Narbonne, 31 rue Jean Jaurès
F-11100Narbonne - Tél.+33(0)468651560
info@narbonne-tourisme.com
www.narbonne-tourisme.com

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Helena Palomo

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