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jueves, 10 de septiembre de 2015

La primavera uruguaya en 10 propuestas


El Montevideo de Benedetti. Los seguidores del prolífico autor quizás desconozcan que la capital uruguaya es objeto de una guía especializada en lugares relacionados con su figura. Para elaborarla, se llegaron a identificar en todo el país aproximadamente 600 localizaciones, ya sean por su carácter biográfico como por haber sido referenciados en los textos de Mario Benedetti. Montevideo concentra más de 50 -repartidos entre las seis rutas que configuran la Guía Benedetti-, destacando, por ejemplo, la casa en la que transcurrió gran parte de su infancia, el liceo donde se formó o los cafés donde escribía.

Avistamiento de ballenas. Uruguay dispone de un circuito de torres estratégicas a lo largo de su litoral para que habitantes y visitantes disfruten del espectáculo natural que protagonizan los cientos de ballenas -de la especie Franco Austral- que, entre agosto y noviembre, llegan a las costas de Maldonado y Rocha. La calma de sus aguas atrae a los cetáceos para descansar en su ruta migratoria. Cabe destacar, asimismo, que empresas privadas ofrecen excursiones en barco desde el puerto de Punta del Este.

Ecoturismo en el norte. Abundancia de bosques nativos subtropicales, valles escarpados, laderas pronunciadas, saltos de agua y una cultura propia es lo que encontrarán los visitantes que se acerquen a explorar las Quebradas del Norte, un sistema geográfico ubicado al norte de Tacuarembó y al noroeste de Rivera. En la lista de los ‘must’ hay que apuntarse rutas guiadas por las cascadas naturales y senderos de Laureles, visitar el Museo de Carlos Gardel y referencias a la tradición ferroviaria en Valle Edén o realizar el circuito de la Ruta del Oro. Más hacia el este se encuentra la Quebrada de los Cuervos, paraíso para el ecoturismo en mitad de una de las serranías más agrestes y exuberantes del país.

Cuidarse en las termas. El noroeste de Uruguay constituye la región termal del país, conocida especialmente por las bondades de las aguas de los acuíferos de Yaguarí y Guaraní. Los visitantes hallarán en la zona seis centros de aguas con todo tipo de servicios complementarios, así como spas en Salto y Paysandú con gran variedad de tratamientos termales para cuidar cuerpo y rostro, combatir el sobrepeso o liberar el estrés. Además, los pueblos de interior abren todo un mundo de posibilidades para explorar.

Embarcarse en turismo náutico y fluvial. El área oeste de Uruguay permite conocer la riqueza de sus ríos desde el agua. Para ello, la industria náutica recreativa de la región propone actividades como recorrer en pequeñas embarcaciones de pescadores las 24 Islas del Río Uruguay (combinando río abierto con estrechos canales), surcar en catamarán el verde apenas explorado de Río Negro o realizar una jornada de cabotaje por la bahía de Colonia del Sacramento, ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.



Viajar al pasado industrial. El pasado mes de julio, la UNESCO declaraba Patrimonio de la Humanidad el Museo de la Revolución Industrial ubicado en la ciudad de Fray Bentos. Se trata de una gran fábrica que,
durante su historia, llegó a pasar por manos alemanas, británicas y, finalmente, uruguayas, hasta su cierre en los 70. Conocida como ‘la gran cocina del mundo’, su actividad se centraba en producir extractos cárnicos para los ejércitos europeos durante las dos Guerras Mundiales. En el museo se puede ver todo tipo de maquinaria, el proceso de elaboración, la vestimenta profesional e, incluso, las tarjetas de los despidos a obreros que participaban en las huelgas. 

Galopar por el este de Uruguay. Pueblos de pescadores, dunas, arroyos, cerros y lagunas salpican la región este del país, creando una panorámica de ensueño que, si se descubre a lomos de un caballo (animal intrínsecamente ligado a la cultura y al folclore uruguayo), resulta a todas luces apetecible. Explorar las Sierras de Rocha y descansar en una posada campestre supone para los viajeros toda una experiencia, así como recorridos ecuestres en noches de luna llena.


Un trocito de Rusia. En 1913 llegaron al pequeño pueblo de San Javier, a orillas del Río Uruguay, un total de 300 familias rusas. Poco más de cien años después, los visitantes encuentran hoy allí matrioskas, comidas ucranianas y danzas rusas, importadas por aquellos foráneos. Bungalows equipados y campings muy bien acondicionados suelen ser una de las opciones cercanas para pasar la noche, así como paseos en bote por la zona o excursiones de pesca desde el balneario Puerto Viejo.

Vivir como un gaucho. O lo que es lo mismo: una persona de campo, de tradición agrícola y ganadera. Ayudar en tareas de la tierra, ordeñar, sembrar y cosechar son sólo algunas de las actividades que los visitantes pueden realizar para sentirse como uno más. Para ello, numerosos establecimientos de agroturismo y turismo rural, desde grandes alojamientos hasta granjas familiares, ofrecen la posibilidad de desempeñar un rol activo y llevarse para siempre la experiencia más auténtica de las zonas campestres.

Marcar el ritmo del tango. A finales del siglo XIX los arrabales de ciudades portuarias como Montevideo, Buenos Aires y Rosario vivieron el nacimiento de este género, declarado en 2009 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y forjado por aportes afroamericanos, criollos y de la inmigración europea. Es un rasgo tan propio de Uruguay que, todos los días de la semana -o, mejor dicho, todas las noches-, es posible escuchar su ritmo y animarse a bailarlo en alguna de las milongas montevideanas.

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