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lunes, 1 de diciembre de 2014

Nueva York tiene el Moma, Burgos posee el Mumo

El Museo de Modúbar de la Emparedada muestra los pasos de la historia de Humanidad desde el uso de la hoz en el Neolítico hasta la primera cosechadora. Las primeras herramientas para labrar la tierra pertenecen al Neolítico. Los agricultores utilizaban hoces de sílex, azadas, hachas… 8.000 años estuvo el hombre con estos utensilios hasta la Edad de Hierro, cuando se inventaron herramientas como la hoz, el trillo, el bieldo, las cribas, la yunta o el carro, entre otros. No fue hasta 1900 cuando empezaron a emerger las máquinas. La historia de la Humanidad a través de la labranza y la recolección en un museo, el de Modúbar de la Emparedada (Burgos), que recoge piezas únicas que demuestran cómo el hombre evolucionó de un Neolítico agrícola a un momento donde la tecnología revolucionó la agricultura y, por lo tanto, la sociedad. Una nueva escapada interesante en la provincia de Burgos.

La diversidad de la provincia de Burgos no se descubre hasta que se vive de motu proprio… o hasta que te lo cuentan. Gastronomía, historia, patrimonio, arte, cultura, religiosidad, elementos singulares que dibujan un mapa lleno de escapadas para esta época del año. Uno de estos planes sorprendentes se encuentra en Modúbar de la Emparedada, a tan solo 15 minutos en coche de Burgos capital, que cuenta con uno de los museos más completos para seguir la evolución humana desde la progresión agrícola y sus utensilios y técnicas de recolección.
El MUMO, o MUseo de MOdúbar de la Emparedada, consta de más de 1.000 m2 en los que se exponen las piezas recopiladas durante años por el experto agrícola Carlos Alonso Maté, así como las fotos y poemas dedicados a la labranza de su hermano, Carmelo Alonso Maté, que hacen un repaso a las máquinas y técnicas de recolección que revolucionaron la historia de la Humanidad y sus diferentes sociedades.
Temáticas como la siega, el acarreo de la mies, la trilla, la bielda, los inventos para limpiar el grano, las medidas de cobro, la siembre y los animales y el campo se extienden por las distintas salas que conforman un museo que, a pesar de su espectro concreto, sorprende a todos los públicos por la alta calidad de conservación de las piezas expuestas y por la fina relación entre los cambios sociales y la experiencia del hombre en su afán por explotar el campo. No hace falta ni recordar que durante muchos siglos, e incluso hoy en día, la labranza y la recolección fueron aspectos básicos para la supervivencia del hombre.


La muestra recoge diversos utensilios realizados con sílex, réplicas de los utilizados en la Edad de Piedra, y desarrollados a su vez por los Romanos. También se observan guadañas, yunques, martillos o colodras con piedra de afilar, fiel reflejo de los aparejos más usados en la Edad Media.
Además, el MUMO guarda entre sus paredes las cuatro últimas segadoras inventadas por el hombre, como la de Cirus Hall McCormick, introducida en España en 1900 y que dejaba la mies segada en gavillas. Herramientas para hacer la trilla a yegua suelta, con mayales, con rodillos… hasta llegar al trillo mecánico.

También una beldadora seleccionadora y otra ensacadora, ambas enteras y conservadas como si fueran nuevas, ingenios del ser humano que realizaban un movimiento de giro para producir viento y otro de zarandeo para cribar. Y, por supuesto, las medidas de los cereales que han sido utilizadas a lo largo de los diferentes reinados de España: media fanega, hemina, celemín, medio celemín, cuarto de celemín o las medidas para pagar en trigo a los diferentes oficios.

Máquinas para cortar hierba, forraje o maíz. La primera máquina empacadora. Una desgranadora de maíz y otra para cortar remolacha… Toda una serie de herramientas que ponen de manifiesto cómo el hombre iba inventando artilugios más sofisticados al hilo del progreso tecnológico para conseguir un ahorro de tiempo y trabajo cada vez mayor. El abono del campo, la siembra a voleo con avances tan destacados como las sembradoras de violín o de tiro, arados, sulfatadoras, trilladoras tan espectaculares como una de arrastre tirada por 33 caballos procedente de América y Australia… el MUMO supone un museo tan singular como único en España, con una colección de piezas que, simplemente por su aspecto, su conservación y su importancia en la historia ya merece ser visitada.

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