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miércoles, 23 de julio de 2014

Navega en Navarra

Navarra cuenta con diversos embalses donde la navegación y la práctica de deportes acuáticos es habitual a lo largo del año, especialmente en los meses cálidos. Los más habituales son los embalses de Yesa y Alloz, situados en la Zona Media. También se puede optar por los ríos, repartidos entre la zona del Pirineo, la Zona Media y la Ribera. Los visitantes pueden realizar desde tranquilos paseos en embarcaciones preparadas, hasta actividades más atrevidas como kayak, piragüismo, esquí náutico, surf, windsurf y vela.


El embalse de Alloz, ubicado entre los municipios de los Valles de Yerri y Guesálaz,es un punto de encuentro de gran cantidad de visitantes -recibió en 2013 80.000 visitas- ya que puede presumir de bandera azul, de una playa artificial, de grandes prestaciones en el embarcadero, de una pasarela que enlaza la orilla con una isla y de ser un lugar fantástico donde practicar deportes acuáticos. 

Sin embargo, la mayor superficie navegable de Navarra es el Embalse de Yesa, al pie de la Sierra de Leyre y de 10 kilómetros de longitud. Conocido como el 'Mar del Pirineo' ofrece la posibilidad de pasear en embarcaciones, pescar y realizar deportes náuticos. Cuenta con 10 km. de longitud, anchuras de 1 y 2,5 km. y almacena un total de 470 hectómetros cúbicos de agua.


Navarra cuenta también con multitud de ríos navegables para todos los niveles. Existen regatas en sus principales ríos: el Urrobi, el Irati, el Areta, el Salazar y el Esca; en la vertiente cantábrica, el Bidasoa también posibilita el hacer rutas con una menor dificultad que los pirenaicos; en la Zona Media y la Ribera, los ríos son más voluminosos lo que asegura que se pueda navegar durante todo el año, destacando los ríos: Ega, Arakil, Arga, Aragón y el Ebro.

Además, existen zonas naturales para el baño: la balsa de la Morea, en Beriáin; “La Presa”, en el río Esca, en Burgui; “La Presa”, en el río Aragón, en Carcastillo; “La Pileta”, en el manantial de agua salada de Estella; “Pieza Redonda”, en el embalse de Alloz, en Lerate; el barranco de la Foz de Benasa, en Navascués; el río Anduña, en Ochagavía; la balsa El Pulguer, en Tudela; el río Uztárroz, en la localidad del mismo nombre, y el lugar “La Central”, en Zudaire.
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sábado, 26 de abril de 2014

Cascadas y ríos: magia en la provincia de Burgos

La zona norte de la provincia de Burgos se presenta como un anfiteatro montañoso que, desde antaño, era considerado como vía natural de comunicación entre las tierras del centro y del norte de la Península. A lo largo de todo el territorio burgalés el viajero descubre numerosas cascadas espectaculares. Es el caso del salto de Orbaneja del Castillo, ubicado en el pueblo que lleva el mismo nombre, que se encuentra enclavado en el espectacular e imponente ‘Cañón del Ebro’. El río que se desprende de esta cascada nace en la ‘Cueva del Agua’, atraviesa la población y, antes de desembocar en el Ebro, se despeña en una pequeña pero inaccesible cascada que deja al descubierto una foto inolvidable.




 Continuando en localidad de Tartalés de los Montes, dentro de la comarca de Las Merindades, encontramos la Sierra de la Tesla, que ofrece desfiladeros, cimas, bosques, un impresionante paisaje y la cascada de Tartalés
que el viajero se encontrará una vez pasado el túnel que lleva hasta esta población burgalesa.

Sin ir más lejos, y casi por sorpresa, se descubre la silenciosa cascada de Pedrosa de Tobalina, considerada una de las siete maravillas de la provincia de Burgos, provocada por el río Jerea, afluente del Ebro, y ubicada entre los municipios de Pedrosa de Tobalina y La Orden. Este salto de agua esconde varios rincones mágicos debido a sus cerca de 100 metros de longitud y 12 de altura. Este espacio natural es visitado, durante todo el año, por cientos de viajeros, aunque en los meses con temperaturas más bajas, las aguas de esta cola de caballo cobran vida y belleza.




En el Valle de Mena destaca la cascada de San Miguel, una pequeña catarata que, aunque está seca parte del año, es todo un espectáculo para la vista debido al entorno natural en el que se encuentra. Sin salir del Valle se descubre la cascada de Peñaladros, un secreto bien guardado por los burgaleses que no requiere caminatas agotadoras ni botas de monte para poder observarla en primera persona.

Pero existen muchas otras cascadas a lo largo del territorio burgalés que son de gran interés para todos los amantes del turismo de naturaleza, como la de Santa Cruz del Valle-Urbión, Neila, Irus, La Mea, Yeguamea, Tobazo, Rojas, Salto del Nervión o el Salto de Las Pisas, entre otras. En definitiva, un destino que el viajero podrá descubrir paso a paso mientras disfruta del paisaje, de su gastronomía y, sobre todo, de sus gentes.


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